El niño de los dulces.
Había una vez en el monte del norte, un gran familia campesina que vivían en una casa hecha con paredes de tabla y techo de paja. A la señora se la conocía por tener ojos grandes y brillosos con la piel morena, y al señor por sus ojos color miel y tez blanca. Todos los días, activamente con sus hijos tenían tareas en su hogar, hasta para llevar los alimentos a la mesa ya que eran muy numerosos. Mientras los más pequeños jugaban, los más grandes se dedicaban a los oficios del hogar como ordenar la casa, fabricar dulces y muebles porque su padre era carpintero y su madre una buena culinaria. En la temporada de los cañaverales, los dos hijos mayores junto a su padre iban a los lugares boscosos a cortar los tallos de la caña de azúcar y atando en sogas lo arrastraban hasta el quincho. Ahí extraìan el jugo de la caña de azúcar con el molidor manual. Su madre se encargaba de hervir por unas horas en una gran fuente, hasta quedar bién espeso. Lo dejaban en bandejas reposando ...
