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La economia.

 La economía puede temblar, los precios subir, el trabajo faltar y las cuentas no cuadrar. Pero hay una verdad que permanece firme: Dios sigue siendo proveedor. La Biblia nunca prometió riquezas fáciles, pero sí una provisión diaria para quienes confían en Él. En tiempos de escasez, el corazón aprende a depender más de Dios que del dinero, y ahí es donde la fe se fortalece. La economía revela en quién está puesta nuestra seguridad. Cuando todo va bien, es fácil confiar; cuando todo falta, se revela si nuestra esperanza estaba en el salario o en Dios. Él no siempre cambia las circunstancias de inmediato, pero sí cambia el corazón para atravesarlas con paz, sabiduría y perseverancia. Dios honra la diligencia, el esfuerzo honesto y la buena administración, pero también nos recuerda que la vida no consiste en la abundancia de bienes, sino en una relación viva con Él. Aun en medio de crisis, Dios abre caminos, da ideas, provee oportunidades y sostiene a quienes no sueltan su mano. La ec...

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