El diario de una soñadora.
A veces pienso, de verdad me pongo a pensar, y me doy cuenta en mi habilidad para hacer historias genuinamente graciosas, porque cuando tengo algo en mente no descanso hasta lograrlo; aunque sea en situaciones incómodas, como lo fue en esta anécdota.
Había terminado un curso bancario de un mes, y estaba comenzando noviembre. El curso me parecia una buena inversión, por eso deseaba seguir con los planes de una segunda capacitación para avanzar, e ingresar en el campo laboral financiero, hasta que escuché sobre el auge en la fotografía, y empezé a investigar. Primero en interned, despues por las redes; me saltaron varias páginas, eran instituciones donde podía capacitarme. Estaba interesada en ir en el curso más extenso, pero con el costo más elevado. Convencida de lo que quería , me encontré con dos grandes dificultades: no tenía cámara, no tenía como pagar. Dependíamos solo de un emprendimiento con mi flía.
Entonces llegó diciembre, mi madre como siempre apoyandome en mis ideas, me decía que ella cubriría los gastos, pero sabía que apenas le alcanzaba para sostener lo que teniamos. Llamé y envié mis papeles a varias empresas pero sin éxito, no recibí respuestas. Pensé un poco más y fuí a la casa de mi tia, sabía que ella siempre guardaba los clasificados, y ahí empezé a buscar como último recurso el anhelado empleo, entonces sí encontré, pero todos eran para limpieza. El anuncio que marqué decia que era para una flía corta, en un departamento. Llamé y me contestó una señora con voz imperante, citandome a una entrevista. Fui a probar suerte, la señora era de edad avanzada pero con buen juicio, y sin objecciones me aceptó despues de algunas preguntas.
Llegué a casa, le dije a mi mamá que debía preparar mis cosas porque iría por unas semanas a trabajar en aquel lugar para generar los ingresos para mi curso. Ella se opuso, me dijo que no era un trabajo para mí, que esperase un poco más, porque nunca había sido funcionaria en ese área. Con miedo pero decidida, empaque un par de ropas, y fuí hasta el lugar. Esa primera semana de enero empezé con las labores normales de limpieza, pero bajo la observación constante de la señora que ante el mínimo error me agredía verbalmente porque en su condición enferma no tenia la mínima paciencia, entonces despues de los incidentes, sensible y asustada, me escapaba en el terrado o en mi pieza a llorar hasta que se me pasaba. Así pasaron las dos semanas, hasta el día que debía empezar el curso en uno de las dos opciones que tenía como referencia. En realidad ese sabado tenía que estar hasta el mediodia en el dpto. pero sugerí el permiso, más el adelanto por la razón de que deseaba estudiar, y con buena disposición me brindaron lo que necesitaba.
Ese viernes salí de siesta y fui entusiasmada directamente a un local de electrónicos donde compré una camara digital pequeña. Volví a terminar algunas labores y salí como a las 8 del edificio. Llegué casi a las 22 hs. a mi casa; pero tenía un problema más, no me había inscripto al curso. Solo había visto un par de veces el flyer en la página del instituto. Sabía que sería para las 7am, en un lugar del microcentro de Asunción que desconocía pero podía llegar por gps.
Cansada, me dormí unas horas y al día siguiente me levante a las 5am. Empezé a llamar desde las 5.30 al número que aparecía en las publicaciones. Marqué como siete veces pero no me contestaron. Entonces me senté cinco minutos, no sabía si debía ir, por el tema de los cupos limitados. Hize una corta oración y le dije a Dios que iría pero si se me hacía tarde por el camino, no llegaría hasta la ubicación sino que volvería a casa.
A las 6.05 min. aproximadamente subí al bus; mientras daba por perdido, por la distancia y el tráfico, (en ese entonces todavía no existía bolt) pero increíblemente el bus llegó más rápido de lo habitual y bajé de la línea a las 6.55, miré mi google maps y estaba a tres cuadras, caminé lo mas rápido posible y llegué. Le reconocí a mi instructor desde lejos porque le había visto en las publicaciones. Me acerqué, le saludé y entre bromas me dijo que le había despertado con las llamadas. Entonces hice los pagos correspondientes y en un rato más empezó el curso.
Un día despues de finalizar el safari fotográfico, viajamos con mi hermana al noroeste para seguir con nuestro emprendimiento en un lugar más concurrido, porque mis padres se habían instalado un poco antes en esa zona.
Desde esa vez en el que observe el mundo atravez de un diafragma se amplió mi forma de ver los detalles y enfocar lo esencial. La fotografía marcó el inicio de lo que parecía un sueño, porque era tan mínimo el porcentaje para que logré esa capacitación; pero con Dios, todo fue posible. Aunque personalmente la fotografía sea más como un hobby, me abrió puertas, haciendo pasar algunos malos momentos. Además aprendí que todo sacrificio aunque parezca pequeño puede generar grandes cambios. Solo es necesario valentía, fe y la guía de Dios.
Escucha lo que te mando: Esfuérzate y sé valiente. No temas ni desmayes, que yo soy el Señor tu Dios, y estaré contigo por dondequiera que vayas.» Js 1.9



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