Cuando eramos niños.

Cuando eramos niños era normal vivir en constante asombro, ver mágicamente el mundo, hacer castillos de arena, saltar en ramas, correr hasta el cansancio.
La vida era tan simple como reír, jugar, conocer, buscar, vivir cada segundo sin afán.
Cuando eramos niños no conocíamos de peligros, y el miedo solo existía en los cuentos.
Intentabamos seguir reglas, para evitar castigos o recibir premios; porque todo se resumía en buscar la aprobación de los más grandes, porque sabían más.
Cuando eramos niños era normal tropezar, caer, tener raspones en las rodillas, y que el dolor durará solo unos días.
Cuando eramos niños no sabiamos de problemas, todo era fácil, porque la única complejidad era comprender las palabras de los que vestían formal.
Las emociones eran vaivenes qué no duraban más que minutos, al igual que  nuestros pensamientos.
El amor que nos sellaba era nuestro plato favorito en los días especiales o los gestos más sensibles de nuestros padres.
Estabamos en construcción de ideales, de nuestro ser interior, en saber sobre como queríamos vernos cuando una ropa ya se encojía, y debíamos ver un talle más.
Cuando eramos niños los pequeños logros eran gigantes, estimulandonos ir más allá, todo parecía posible, incluso los más grandes desafíos.
No sabiamos de curitas para el alma, ni de pagar facturas o planificar el mañana.
Estábamos aprendiendo, descubriendo, creciendo; simplemente creciendo, cada día un poco más, hasta que un día, ser grandes se volvió normal.





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