Sobre el ayuno.
Y los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunaban; y vinieron, y le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan? Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas ayunar mientras está con ellos el esposo? Entre tanto que tienen consigo al esposo, no pueden ayunar. Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces en aquellos días ayunarán. Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera, el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo, y se hace peor la rotura. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar. Marcos 2
En el tiempo de Jesús era como una costumbre el ayuno, especialmente entre los religiosos. El ayuno principal de los judíos era el Día de la Expiación, una de las siete asambleas solemnes anuales de la Ley de Moisés. Los fariseos también ayunaban el segundo y el cuarto día de cada semana. Al parecer, los discípulos de Juan hacían algo similar. (Los fariseos no tenían discípulos en el mismo sentido que Juan o Jesús. El término «discípulos de los fariseos» podría referirse a cualquiera que siguiera el ejemplo de los fariseos).
Aunque dicho ayuno no formaba parte de la Ley de Moisés, para la época de Jesús se había convertido en una expresión importante de la meticulosa devoción de los fariseos a la ley ceremonial. Para los fariseos, si los discípulos de Jesús no ayunaban, esto ponía en duda su piedad, sinceridad y devoción hacia la ley ceremonial. Además, cuestionaba la actitud de Jesús hacia la ley ceremonial. Jesús ya había sanado en sábado, y sus discípulos ya habían sido vistos recogiendo grano en sábado y comiendo sin el lavado ceremonial prescrito. Si a eso añadíamos la falta de ayuno, los fariseos debieron de encontrar a Jesús cada vez más oponente a sus instrucciones.
Entonces al preguntarles a Jesús el responde con una comparación. Habla sobre una boda, diciendo que en la fiesta, celebrando con el novio no se puede ayunar, pero si existirá días en que el novio será quitado, y en esos días comenzarán de nuevo con esa disciplina espiritual, pero de una forma distinta, haciendo alusión sobre sí mismo como el novio y sus discípulos sus invitados especiales.
Las leyes de los fariseos ya estaban obsoletas, es decir que no contenían ningún valor espiritual en sí, sobre las pasiones del corazón de Dios, más bién se basaba en mandamientos de hombres según el corazón orgulloso que deseaban demostrar con una espiritualidad fantástica, mientras Jesús sigue con la analogía sobre los vestidos; porque su mensaje y el nuevo tiempo de gracia no puede limitarse a viejas estructuras del legalismo religioso. Los remiendos son prácticas religiosas o la observación estrictamente a los preceptos ordenados de la ley de Moisés.
Jesús vino como el nuevo Adán, el hombre perfecto y el nuevo Moisés que nunca transgredió los mandamientos; más bién lo elevó a un nivel más profundo y excelente, creando un antes y después con el nuevo Pacto, quien cumple las profecías y lleva a su plenitud la Ley y la alianza, superando al libertador del éxodo.


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