Una causa de todos.
Cada vez que pienso en una ancianita recorriendo las veredas de las calles sobreviviendo, pienso donde estarían sus familiares; y si no tiene hijos, me imagino que por lo menos tiene algún ser querido. Entonces es inadmisible que este en esas condiciones. Pero analizando más profundamente también corresponde a la sociedad no dejar a un adulto mayor sin ninguna protección o seguridad, a su suerte. Tal vez se levanten argumentos sobre como llegó hasta esas condiciones, sin un hogar seguro. Pero si pensamos más, todos en cierta forma recibimos gracia y debemos extender misericordia. Si cada persona ofrece lo que tiene a los más vulnerables estaríamos en un mundo mejor. Debemos brindarles un hogar, los alimentos y el cuidado que necesitan.
Cuanto más le corresponde a la iglesia ser ejemplo en obras, porque es muy normal pasar por alto, omitir el degrado social.
Solo se necesita un poco de humanidad para dejar de ser indiferentes, dar palabras pero sin acciones, para despues llevar flores sobre una lápida fría.
Las leyes protegen a los niños, por eso es mas fácil encontrar respuestas cuando se trata sobre los menores sin hogar, pero ¿quien defiende a los ancianos? Solo observa más tu entorno y te vas a dar cuenta que tu necesidad es mínima en relación con otros marginales.
Dar protección material es tan importante como la cobertura espiritual. Tal vez no desean depender de nadie, pero sus años le pesan más que sus anhelos, por eso es una causa de todos.
Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo , y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. Mateo 25.43,45


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