Lo que llevas puesto.

A veces podemos percibir la personalidad de una persona tan solo por la voz altiva resonante por la marca de la ropa que lleva. Pero no hay nada con más ignorancia, que tocar campanas de lo que llevas puesto. 
Vivimos en un mundo donde a las personas no les gusta pensar, porque es más fácil apagar nuestra materia gris y satisfacer los sentidos con sandeces y fanfarronerías.
Si tan solo reflexionamos unos minutos nos daríamos cuenta que hasta un donadie puede vestirse bién, hasta con prendas de marca, y eso no le hace más; ni menos.
La calidad de las cosas que tenemos sí importan, por el tiempo que duran. Pero es mil veces más importante la calidad de la persona que eres, porque lo que tienes puede desaparecer. 
Las virtudes hacen a las personas simples,  extraordinarias.
Las virtudes nacen de lo que has sembrado en tu mente y se reflejan en tus acciones.
Los libros que has leído, las habilidades que has aprendido para aportar valor en la vida de otros. El lenguaje que utilizas para expresarte. Las canciones que escuchas. Las motivaciones que te mueven hacia un objetivo. El concepto de familia.
 La visión del mañana.
Pero por sobre todo la riqueza espiritual que cultivas en tu alma, para conocer al que te diseño y elevarte a un nivel trascendente. Las personas de alto valor son las que viven el propósito espiritual planificado por el Padre. 
Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová. Jeremías 9: 23, 24

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